domingo, 16 de septiembre de 2012

La luz

J. Pascual

Encerrada en un desván lleno de objetos inservibles creí ver una luz radiante, casi cegadora, pero dulce, amigable, paciente y comprensiva. Prácticamente sublime, tanto que, pensé que no había nada mejor. Prometía compañía, amistad incondicional, y a cada momento, aun pareciendo imposible iba creciendo como los brotes de un árbol. La tristeza había acabado. Ya estaba en mi vida, y yo en sus manos. 

Confié en ella ciegamente, la llené de buenas palabras, de abrazos sinceros, de sonrisas, de espíritu renovado... Hasta parecía feliz. Permanecía a mi lado. Caminamos, tropezamos, nos herimos, nos curamos, a veces reímos, incluso lloramos, pero siempre juntas.

Hoy esa luz se ha apagado y, lejos de dejarme a oscuras ha dado paso a la claridad de la que ella misma se disfrazó aquel día, la que me hizo creer que era única, sincera y leal. Ahora sé que no, y no sabe cuánto me alegro.

Gracias.

jueves, 19 de julio de 2012

Perpetuo

J. Pascual

Te fuiste una mañana de domingo, sin previo aviso, sin compasión, dejando un haz de luz que permanecerá para siempre. Dudamos de tu vuelo en un primer momento, pero sin darnos cuenta tuvimos que aceptar que partías aun sin haberlo decidido. Y miramos al cielo, y mordimos la tierra con más rabia que nunca, cerrando nuestras mentes y el paso a la realidad más evidente.

Quisimos desmentir las obviedades, mezclar atisbos de resignación con lágrimas justificadas. Pero no pudimos, incluso hoy es complicado, casi imposible. Intentamos fundirnos en abrazos lastimeros para paliar el dolor de nuestras almas, pero nos ganó desde el principio.

Tu mirada y tu risa seguirán vivas en nuestras mentes, y tu alegría se hará perpetua en nuestros corazones, porque ni aunque quisiéramos podríamos olvidar todo lo que un día compartiste con nosotros.




jueves, 5 de julio de 2012

Esperando

Y. Huertas

Puedo balancearme en los pensamientos más abstractos de tu mente, hasta soltarme de una mano si quisiera, y a veces lo intento, con el fin de escaparme de ellos en los momentos que más me acosan. Suelo conseguirlo, evitarlos, eludirlos, aunque siempre vuelven y ya sólo me queda adentrarme en ellos, contigo, con lo bueno y con lo malo, con el miedo más común y con la valentía más anhelada.

Puedo esquivarte cuando quiera, girar en las esquinas más recónditas y desaparecer, pero siempre me encuentras, entre risas nerviosas, entre temblores injustificados, pues aunque no lo creas, te espero, no existe vez que no lo haga, aún diciéndote que no. Tú lo sabes. Espero en las luces, en las sombras, en lo que reconozco y lo que no, tranquila, desesperada.

Pero siempre ahí.


miércoles, 4 de julio de 2012

Nuestro

J. Pascual

Despierto cada mañana y puedo ver tu sonrisa, aunque no lo creas, la veo. Camino por los senderos más apacibles si sé que vienes conmigo, y no lo dudo, camino, y camino, sin mirar en ningún momento a cielos ni tierra, simplemente, hacia ti. Ni te imaginas mis sensaciones cuando fijas tu mirada en la mía, o cuando coges mis manos con esa dulzura con la que sólo tú sabes hacerlo.

Escucho tu respiración en los rincones más silentes, reconozco que hasta moriría por hacerla mía, por poseerla, por compartirla entre las multitudes. Y te busco, te pienso, a veces sin encontrarte, pero siempre con el mismo deseo, con la misma esperanza. Y llegaste. Sin aviso, suave, para quedarte, de la manera más tierna que pudiste, haciendo a tu forma cada vértice de mi cuerpo, convirtiendo las pasiones en amor y las ganas en paciencia. 

Y así, te entregué mi vida sin planearlo. Hasta hoy y para siempre.



martes, 3 de julio de 2012

Cielos

J. Pascual

Hay cielos llenos de estrellas en los que todos querríamos pasear, cielos que en ocasiones se cubren de nubes tan grises que no dejan pasar ni un ápice de luz. Y sufrimos, pensando que nunca más volveremos a resurgir, que la oscuridad se cernirá sobre nosotros sin compasión alguna y que las noches se fundirán con la eternidad más silente. 

Creemos que las sonrisas que un día nos acompañaron han desaparecido para siempre, y sin quererlo, cerramos los ojos con tanta rabia que hasta el alma se estremece. Y se escapan las lágrimas, esas que por orgullo pretendíamos esconder, con el único fin de aparentar la serenidad que tanto nos odia.

Y se pierde el consuelo, y se ausenta la calma. Miedo.

Te deseo más que nunca, daría lo que fuera por tenerte, por sentir tu calor, tus manos. Y sé que no, a pesar de todo. No.

sábado, 16 de junio de 2012

Efímero

J. Pascual


A pesar de que te tengo, o eso creo, aún no he sabido guardarte lo suficiente como para estar segura. Es curioso cómo a veces creemos poseer cosas que en realidad ni siquiera son factibles. ¿Cómo podemos estar tan seguros en momentos determinados de contar con una persona como si sólo dependiera de nosotros? ¿Por qué entendemos tan fácilmente que la vida nos regale buenos momentos y no asimilamos que nos pida algo a cambio?

En este momento, sólo sé que estás aquí, en mi mente, en mi cuerpo y en mi alma y no te dejo escapar. Puede que luches para soltarte pero tengo argumentos para impedírtelo. Podría decir que te quiero demasiado, o que no puedo vivir si no te tengo, pero mentiría. Es algo más. Algo que no puede explicarse con simples palabras.



viernes, 18 de mayo de 2012

Amigos

J. Pascual


Te encontré sin buscarte en ningún momento, sin desear que aparecieras en mi vida, y sin un aviso previo. Me regalaste las sonrisas que necesitaba en el minuto justo y me fundiste en el abrazo más cálido cuando sin pedírtelo supiste que lo necesitaba. 

Creí que podía prescindir de ti cuando quisiera, que podría dejarte como quien deja su vicio, y no pude, aunque reconozco que jamás lo intenté. Pensé que quizás te perdería si no te atendía lo suficiente, pero me demostraste que me volvía a equivocar como tantas y tantas veces.

Te pedí que me llamarás cuando lo necesitaba, sin tener en cuenta que tal vez era yo la que debía hacerlo. Se me han olvidado tantas veces cosas importantes de tu vida que llegue a temer por el abandono, pero nunca lo hiciste. He deseado mil veces hablar y no lo he hecho por miedo al rechazo, sin darme cuenta de que esa palabra se fue borrando como polvo en camino desierto.

Hoy sólo puedo decirte, que a pesar de todo y más, estoy aquí. Aunque no me veas, aunque no me sientas, y lo haré siempre. Que reiré contigo cuando rías, y lloraré contigo si lo haces. Siempre.

Lo prometido es deuda.